O los odias o los adoras, o te flipan o te repugnan, ese es el encanto de los callos. Junto con las manitas de cerdo me parecen un manjar para disfrutar muy de vez en cuando, en su cazuelita de barro y con pan y vino como para una boda...
No se me da nada bien hacerlos, es más, me da bastante pereza limpiarlos y casi siempre los he probado en restaurantes o porque me los han preparado de manera magistral alguien de la familia. El problema es que no siempre se tiene a mano a alguien que te los haga, así que he recurrido a la vía fácil: comprarlos precocinados...
No es mi estilo, pero tras mucho buscar he dado con una marca que, no solo aguanta el tipo, sino que además cumple con creces en calidad y sabor.
No es mi estilo, pero tras mucho buscar he dado con una marca que, no solo aguanta el tipo, sino que además cumple con creces en calidad y sabor.
"La cuchara de Oro", así se llama la marca. Trabajan sólo dos productos: los callos a la madrileña y la fabada asturiana. Esta última no he tenido ocasión de probarla, pero los callos son un escándalo. Dentro de un cuidado estuche verde se encuentra una lata de 450gr. En la etiqueta pone "Callos a la Madrileña con jamón ibérico y aceite de oliva", sin duda, una buena carta de presentación. Pero la sorpresa viene dentro ya que, además de los callos y el jamón, te encuentras trozos de pata y morro...vamos ya!
A la madrileña, a la catalana, a la vizcaína, a la andaluza, recetas no le faltan a este manjar vacuno...y ojo, ¡ no perderse la receta burgalesa! De mandanga y rock ´n roll saben un rato...
primo muy bien el video de entrevias y los callos tambien son callosd de madrid habra que volver a comerlos primo
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